Ese picor y esa pesadez de las tardes no son inevitables. Tienen una causa concreta en cómo está montado tu espacio de trabajo, y una solución igual de concreta
Descubrir por qué ocurre
La mayoría de las personas que trabajan con ordenadores y sufren molestias visuales buscan la causa en la pantalla misma. Pero casi siempre el problema está en otra parte: la altura del monitor, la dirección de la luz, los reflejos que se forman a ciertas horas del día o la distancia a la que se trabaja.
Cuando esos factores no están bien ajustados, el ojo trabaja de más durante horas seguidas. No lo note de forma aguda porque el malestar se acumula despacio. Pero al final del día el resultado es el mismo: cansancio, irritación y, muchas veces, dolor de cabeza.
La buena noticia es que todos esos factores se pueden ajustar. Sin comprar nada especial, sin hacer reformas, sin dejar de usar el ordenador. Aquí encontrarás exactamente cómo hacerlo.
Hay muchas ideas equivocadas sobre por qué se cansan los ojos trabajando. Aclarar estos puntos ayuda a enfocar la solución en lo que de verdad funciona
Se cree que…
"Las pantallas modernas ya no cansan los ojos."
En realidad…
La pantalla en sí ha mejorado, pero la forma en que se usa no ha cambiado. El cansancio viene del esfuerzo de enfoque sostenido y de las malas condiciones del entorno, no de la tecnología del monitor.
Se cree que…
"El cansancio de ojos es inevitable si se trabaja mucho."
En realidad…
No lo es. Con el espacio bien ajustado, muchas personas trabajan ocho horas seguidas sin apenas notar fatiga visual. La cantidad de trabajo no es el único factor determinante.
Se cree que…
"Para mejorar hay que comprar una pantalla mejor o gafas especiales."
En realidad…
Los cambios más efectivos no cuestan nada: mover el monitor, cambiar la orientación del escritorio o bajar el brillo de pantalla generan una mejora real sin gastar un euro.
Se cree que…
"Si uno lleva gafas, el cansancio visual es problema del óptico."
En realidad…
Las gafas corrigen la graduación, no el entorno. Un monitor mal colocado o con malos reflejos cansa la vista igual con o sin corrección óptica.
Estos son los ajustes del entorno de trabajo con mayor impacto directo en el bienestar visual. Todos se pueden hacer sin gasto alguno.
Entre 50 y 70 centímetros es el rango donde los músculos del ojo trabajan de forma natural. El borde superior del monitor tiene que quedar justo a la altura de los ojos o ligeramente por debajo. Si ahora mismo tienes que levantar la vista para leer, el monitor está demasiado alto y el cuello lo acusa todo el día sin que lo notes.
La luz natural delante o detrás de la pantalla crea reflejos que el ojo intenta compensar de forma constante. Basta con orientar el escritorio de forma que la ventana quede a tu izquierda o a tu derecha. Si no puedes moverlo, una persiana que difumine la luz directa resuelve el problema.
Por la mañana con luz intensa el brillo puede estar más alto. Por la tarde, cuando la habitación se oscurece, hay que bajarlo. Un monitor que brilla mucho más que el fondo de la habitación obliga al ojo a adaptarse a un contraste muy exigente. Por las noches activa también el perfil de color cálido si tu sistema lo permite.
No hace falta levantarse. Solo mirar algo lejano durante veinte segundos: una ventana, el fondo del pasillo, los árboles de la calle. Eso relaja el músculo ciliar antes de que la tensión se acumule. Es el hábito con mejor relación esfuerzo-resultado de todos los que existen para el bienestar visual.
La tensión en el cuello y los hombros que produce una postura incorrecta también se transmite a los ojos. La silla debe dejar los pies en el suelo y la espalda recta y apoyada. Los codos a la altura del teclado evitan que los hombros se eleven y se tensen, lo que también alivia la cabeza y los ojos.
Antes de encender el ordenador, dedica unos minutos a revisar estas tres cosas. Una sola vez al día es suficiente para mantener el espacio en buen estado.
Comprueba si la ventana da reflejos en la pantalla según la hora del día. Si los hay, baja la persiana o gira ligeramente el monitor hasta eliminarlos.
La pantalla no debe contrastar con el entorno. Si parece un foco de luz en una habitación más oscura, baja el brillo hasta que parezca natural dentro del ambiente.
Siéntate en tu posición habitual y mira al frente. El borde superior de la pantalla tiene que quedar a la altura de tus ojos o un poco por debajo. Si no es así, corríjelo antes de empezar.